viernes, 30 de enero de 2015

¡Y, ¿QUIÉN PODRÁ COMPRAR Y COMER?..!





     Vivimos, en un mundo violento y desigual. Estamos en tiempos de angustia […] hasta la desesperación por la adquisición de los productos, bienes y servicios para la subsistencia. La gente, se desenfrena y pierde la conducta con improperios contra el sistema de valores, que están al revés. A lo malo, se le llama bueno, y a lo bueno, se le llama malo. Las crisis se agudizan, y el hombre moderno todavía no ha podido salir de la esclavitud de dependencia física y emocional. Una de las peores crisis son los patrones culturales, que nos metieron en la cabeza: “lo autóctono es mediocre”, y, lo que “procede afuera”, es mejor. Eso es dominación.

     Este es el contexto en que estamos, de incertidumbre e inestabilidad. Si se es neoliberal, hay de todo en los supermercados, pero no te alcanza el dinero. Si es progresista, se desaparecen los productos aun cuando tengas algo de dinero [...]. Nada es casual en esta alocada manera de vivir, todo lo que estamos experimentando tiene sus raíces en la historia. Todo lo que pasa está planificado. Es la hora de tomar conciencia o la ignorancia, el rencor y el apego nos desaparezcan. Creo que dijo Albert Einstein, que “la tercera guerra mundial no será con bombas atómicas, sino con palos y piedras”. Precisó. 

     El alimento, desde hace mucho tiempo, es un indicativo de la vivencia y de la violencia como tal. Ejemplo de ello, articulan los biblistas, teólogos, comentaristas e historiadores –palabras más, palabras menos-  que desde el Imperio Romano, la alimentación era una forma de dominar a la fuerza, a la fuerza del hambre. Se comenta que en los tiempos de Juan de Patmos (Apocalipsis 6:6,8) el “trigo” era acaparado elevándose su precio, bien sea, por las cosechas improductivas o como un acto de sometimiento. A los ricos se les dejó el trigo bien caro, en cambio a los pobres se les dejó la cebada que era la comida para los animales. Es decir, los pobres tenían que comer la comida de los animales,  elevado su costo para los que no tenían casi nada.

     De ahí, que, podían tener dinero y no podían comprar. Eso no es que tiene que ser una profecía como tal, era la manera de convencer negando el alimento, y si lo había entonces bien costosos. Pero, si se tenía dinero se escondía el alimento. Era,  y es, una doble manipulación que daba resultado, como el día de hoy. Este método de dominar a la gente sigue dando sus beneficios. Y ¿Quién podrá comer? Ni el rico podía comprar bien, ni muchísimo menos, pero menos los pobres y desposeídos. Esta era la lucha justa y atrevida de Juan en el Apocalipsis. Y, ¿Cuántos Juanes habrán que denuncie proféticamente las luchas de clases por la sobrevivencia en los actuales momentos? Indico.

     De allí, es, que, se dejaban “marcar” con el “666” para poder comprar y comer (Apocalipsis 13: 17,18).  Era la autoridad del Cesar-- que decía quien compraba o no. El imperio romano dominaba toda la cuenca del mar mediterráneo y era una medida de control en los asuntos económicos del Imperio. Dicho 666 no era una cuestión misteriosa con un fin fatalista a futuro, no lo creo, ni lo es, era una medida cálculo de quién y cómo contabilizaban, sobre todo el alimento en sí. Me imagino las colas de los pobres apartando la comida de los ricos. No es que esté en contra de los que tienen, ni mucho menos, sino que los pobres siempre llevan la carga de los ricos, y ¿Quién lleva la carga de los pobres? Objeto.

     El Imperio elegía y dominaba a la fuerza, esa, era la causa, y lo sigue siendo, nada ha cambiado ni cambiara sino hay un entendimiento justo de las cosas. 
 
     El alimento pasó a ser un instrumento de dominación y sometimiento. Si no se podía por la fuerza entonces por hambre.

     La historia de la humanidad está cargada de este flagelo, de tortura mental y física, sin ningún tipo de misericordia.

     Ahora, los grandes centros del poder mundial, en los actuales momentos de la era moderna, vaticinan que los alimentos, que realmente, no son alimentos sino derivados por ser procesados con químicos de preservación en sus múltiples variantes de la comercialización, sin menoscabos de la explotación de la Madre Tierra […]; van a empezar a escasear, y que ¡van a aumentar mucho más de lo previsto! Desde luego, no son adivinos, ni agoreros, el meollo es el alimento que encarecerá por la mano invisible del mercado que desconfía y acapara. La FAO organización para las Naciones Unidas que tiene que ver con la alimentación, advierte, que el “trigo” escaseará, y que va aumentar. Eso significa que continuamos con el apocalipsis del hambre, del aumento, de acaparamiento y de ganancias jugosas con el hambre de la humanidad. Es decir, los ricos comprarán hasta cierto tope, y los pobres, no tendrán lo suficiente para su adquisición. Hay personas en este mundo que sobreviven con menos de un dólar americano. El ciclo apocalíptico se repite por las luchas de clases, todo lo que pasa es por la lucha de clases, insisto. Esto es, un instrumento peligroso que provocaría guerras entre los que tienen y los que no tienen.

     Ahora bien, no todo está perdido. No existe un apocalipsis del hambre como tal, es una figura ilustrativa y reflexiva, si se quiere, “...Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre” (2 Corintios 9:9). La Madre tierra puede darnos de comer a todos los seres vivientes incluyendo a la humanidad. La tierra produce su fruto, “si se da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá su cementera”—en palabras paulina- (2 Corintios 9:10); la tierra sigue dándonos lo mucho que tiene, con buenos métodos de sembrado, riego y cuidado.

     No son los gobiernos los que solo deben sembrar, somos nosotros con una conciencia planetaria podemos alcanzar los niveles de hambre cero que tanto ha costado en la historia repetida de los siglos.

    ¿Cuántos patios improductivos tenemos en nuestras casas? ¿Por qué en vez de quejarnos, más bien sembramos en conucos y materos los alimentos que requerimos? ¿Por qué queremos que todo se nos dé sin mover un musculo? Es más fácil echarle la culpa a otro y no salir de la economía de “puertos” que nos impusieron, y que ahora somos consumidores compulsivos culturalmente. Nos dominan por las costumbres y patrones preconcebidos. Las “marcas” comerciales lo es todo. No podemos innovar, cambiar, inventar, reciclar. Podemos tener todas las soluciones a la vista y no las vemos, queremos ver lo que nos conviene. Pensando así nunca saldremos de ninguna crisis, ni esta, ni las que vengan.

    ¡Caramba! Es la Tierra que como Madre nos da de comer, de tomar agua y muchísimos beneficios. “Comprad sin dinero vino y leche” (Isaías 55:1) ¡Es la tierra que lo da sin dinero! Somos nosotros los que debemos cambiar la manera de pensar y actuar diferente frente a esta y otras crisis de la humanidad. En vez de despilfarrar y malgastar compartiéramos los unos con los otros, tal cómo nos enseñó Jesús, el hombre palestino de origen judío que nos mostró el camino de salvación de la humanidad trazada en el amor al prójimo. Juan el apocalíptico siguió a Jesús. Y entonces, ¿Qué haremos nosotros? En esto pensad.


 JAIRO OBREGÓN                                                                                                  

26/01/2015                                                                                                                                                                                                                 
Maracaibo, Venezuela 

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