sábado, 5 de julio de 2014

“EL ALIMENTO, NO ES UNA MERCANCÍA…”




     Poco se dice de los excesos en que vivimos en la vida moderna en cuanto a algunas verdades que por sabidas se callan, y por calladas se olvidan, como decía un locutor marabino de hace unos años. Esto digo por lo que nos parece cotidiano como los alimentos o de lo que comemos.

    La gente piensa más en lo que le llena la pansa, es decir, que necesita sentirse satisfecho para mantener su ego, su confort o su estatus. La conciencia para una buena vida en convivencia no le importa tanto, su cerebro está programado para el consumo, que años tras años le dieron como receta. Por supuesto, si los “alimentos” derivan de determinada “marca”, que si no es de tal “marca”, el caos llega, la mente se bloquea, pierde hasta el sentido de la vida, le salen orejas de insomnio pensando qué comer.

     La vida no puede sucumbir ante la aplanadora del consumo sobretodo de las marcas que nos esclavizan y nos van matando lentamente, por los componentes químicos que le son injertados, es decir, los plaguicidas y el grado de contaminación que logramos comer. Jesús decía, que la vida es más que la comida, vestido y calzado. Esta vida moderna donde todo se compra y poco se siembra, donde la comida ha pasado a ser una mercancía más, la gente se enloquece y pierde su equilibrio hasta por un “paquete de harina pre cocida”. Ese desequilibrio proporciona una dependencia emocional perjudicial para la buena convivencia. La gente no entiende lo que Jesús dijo o enseñó. Sólo lo que le convence es comer sus marcas preferidas. Eso se pudiera llamar paranoia colectiva –no soy psicólogo para diagnosticarlo-. Pero de que estamos ante una enfermedad enloquecedora, lo es, y es preocupante.

     La conciencia se nubla cuando no hay creatividad en buscar alternativas ante la crisis. ¿Es que no se consigue? O ¿Qué voy hacer? Y no hace nada para cambiar esa realidad. La verdad verdadera es que la gente compite y no comparte. La necesidad se transforma en mercancía. A la gente se les acostumbró a depender, se le tiene que decir qué debe comer, cuándo adquirirlo, dónde encontrarlo, y sobre todo a qué precio. Entonces, al pasar por casualidad por otra parte, encuentra la mercancía, la compra, no importa su precio, lo logró, comió, se llenó. Eso es pan para hoy, mañana hambre. Desde luego, como la compré, es mía, el otro que también la busca no importa, si es que lo veo, es que me lo llevo, y lo adquiero todo, con prisa. Al diablo los demás, importo “yo”, nada más que “yo”, para eso la compré, es mi mercancía, si la tengo que revender, lo hago, qué más da, eso es mercancía, y la mercancía se compra, no se comparte. De no tomar conciencia vamos hacía una “gran hambruna”, como mágicamente lo vaticinan las grandes corporaciones del mercado, como haciéndose los inocentes.

     El alimento, no es mercancía. La vida vale más que el alimento. Existen muchísimas alternativas para romper con la esclavitud de dependencia emocional. Elevemos una conciencia liberadora. Espero que se vayan al infierno las marcas que matan, enferman y esclavizan. Los que se llenan los bolsillos son los aprovechadores de siempre. Nada es nuevo lo que pasa bajo el sol. Esta ha sido la guerra de siglos de los ricos contra los pobres, antes se les esclavizaban con cadenas, hoy con marcas comerciales. Los pobres les sirven a los ricos admirándolos, y los ricos despreciando a los pobres. Jesús dijo que cuán difícil es que un rico entre en el reino de Dios. La consigna de Jesús no es tanto contra la riqueza en sí, desde luego que hay gente con mucho dinero con un corazón digno y lleno de misericordia, pero, que es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios. A esta dependencia emocional es a la que me refiero. Hoy en día los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres.

     El alimento no puede ser una mercancía ni instrumento de poder, sino es un derecho universal al que deben acceder todos los hombres y todos los pueblos.

     Imagina por un rato…

     Sales a la calle, y te encuentras con todas las veredas y terrazas cultivadas. Plantas orgánicas, frutales, hortalizas. En tu vereda pones lechuga, tu vecino tomate, el de la esquina espinaca.

     Empieza un intercambio.

     Utilizar los terrenos baldíos desocupados para hacer huertas, e intercambiar. Sin fin de lucro, sino de cooperación. Empezamos a tener soberanía, empieza un cambio de mentalidad, de salud y conciencia.

     Ahora de vuelta a la realidad…Depende de nosotros cambiarlo…

     Hago referencia a nuestra descendencia que es la que algún día va a sufrir las consecuencias de una falsa herencia llena de inconciencia por la negligencia que dejó nuestra existencia.[1]


    JAIRO OBREGÓN.

04/07/2014

Maracaibo, Venezuela


[1] http://diarioecologia.com/empecemos-un-cambio-
de-mentalidad-de-salud-y-conciencia/

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