domingo, 11 de mayo de 2014

¡LA MADRE Y LA TIERRA!




     Concebir a la Tierra como Madre es un absurdo para muchos que tienen un día mágico para acordarse de su madre que muchas veces no le presta la debida atención. Sí, hacemos un paralelismo entre madres, La Tierra y La Madre, ambas nos concibieron, ambas nos parieron, ambas nos crían, ambas nos dan de comer, ambas nos cuidan, ambas hacen todo por nosotros sus hijos e hijas; y nuestro Padre, es el Creador y sustentador de todas las cosas.

     Siguiendo un poco con el paralelismo de comparar el efecto concebido de ambas madres, nos seguimos encontrando casi las mismas similitudes y características que nos llevan a realizar una analogía entre ambas.

    Desde luego, algunos argüirán que no se trata de lo mismo, que no tiene sentido realizar algo parecido, que lo uno, no tiene nada que ver con lo otro. La concepción “antropo—céntrica del “cristianismo occidental”, desligó, con mucha razón egoísta, encuadrándose con las “escrituras” algo sesgada en su simbolismo “euro—centrista”, perdimos, sí, todo el respeto por nuestra primera madre, que es la tierra, viéndola como: “una que está sujeta a maldición”, una que no siente nada, de nada. Se perdió el sentido “originario” de conocer y reconocer a la tierra como una madre en todo el sentido de la palabra. Cada día me persuado de respetar a mi primera madre totalmente olvidada por sus hijos que la explotan, la utiliza, que muchas veces no la entiende, y que no hace nada por aproximarse y amarla de todo corazón.

     La madre que nos concibió, a la que llamamos Madre, Mamá o Mami […] ese ser que lo da todo como la tierra, esa persona que está dispuesta a llevar en su vientre un pequeño en un acto de amor concibe una criatura y le da cuido. Esa mujer que es capaz de quitarse el pan de su boca para mitigar el hambre de sus hijos e hijas, esa persona que cuando uno enferma es la primera en atender a su hijo—hija sin importar su sufrimiento, ella es nuestra Madre. A ellas todo nuestro respeto y consideración en el ejercicio del amor y la reconciliación. Esa mujer abnegada y solidaria que se levanta temprano y empieza el trajín de la escuela, las tareas y la llevada a un centro hospitalario y un sinfín de situaciones del día a día.

     Todavía observamos madres que socio—económicamente no son recompensadas en el trabajo del hogar, a las ancianas sus pensiones, si es que le llegan, no llegan a gozarlas. Las madres jóvenes son muchas veces vetadas y castigadas por el machismo imperante todavía en la América Latina. La madre soltera vejada por la sociedad hipócrita que despotrica de ellas. La madre que llora como Raquel por sus hijos.

     ¡Como sufren las madres cuando ven caer a sus hijos en el campo de batalla! Como se contiene muchas veces para no hacer nada indebido por cuidar al fruto de su vientre. ¿Qué hacer con el dolor de la mujer y madre que aguanta callada por la impotencia de no poder hacer nada?

     Ni decir nada de la madre pobre, negra, india, mestiza, morena, zamba, enferma que no es visibilizada. La que en el prototipo de la época de consumo no son consideradas personas y que muchas veces sus hijos e hijas se avergüenzan de su proceder sencillo y originario. A esas madres que son despreciadas por la sociedad del capital que todavía las ven como objeto. Aun la madre blanca, de ojos azules o verdes, son utilizadas como objeto de consumo masivo, no por su tez, sino, por el lucro que representa a la industria capitalista, que es decir racista.

     De igual forma, el formato del consumo de “marcas” y una gama de cosas que no tienen ningún sentido comprar para la explotación. Para el comercio depredador no hay día de las madres, lo que hay es sólo una enorme ganancia en nombre de las madres. Lo mejor es que lo sabemos, pero nos hemos acostumbrados al consumo de las madres.

     La madre tierra es igualmente no tomada en cuenta. La industria la está matando. Alguien ha dicho, “que estamos en la primera fase de la muerte de la tierra”. Sabiendo que la tierra es altamente poderosa para deshacerse del hombre. Pero no lo hace, aun todavía. La madre tierra apuesta siempre a la vida, no a la muerte. Ella podría en un minuto acabar todo, sin embargo, se detiene porque es madre cuidadora, que se preocupa por amantar a sus retoños. El recalentamiento de los mares y océanos es altamente preocupante. El amor a la naturaleza es la toma de conciencia ecológica de sembrar más árboles y cuidarlos, nunca bajo ningún pretexto se debe atentar a la tala indiscriminada, eso no es amar a su madre. El bote de agua es de suma observancia, es una violación al alimento de la madre tierra que nos da, el agua es alimento, sin el preciado líquido simplemente morimos. El aire que respiramos es alimento que nos da la “Pacha Mama”. Sin el oxígeno morimos irremediablemente. Eso sí lo podríamos denominar “pecado” social y ambiental. El Padre Creador sabrá qué hacer con la explotación del hombre cuando llegue su hora. No tenemos excusa.

     La madre tierra y la madre mujer reciban su homenaje en su día. Felicitamos a ambas que son la base de todo lo que somos y tenemos. Nosotros somos no parte de la madre tierra, más bien, somos tierra; de la misma forma que somos humanos nacidos de una mujer. Todos procedemos de ellas. Hagamos conciencia. Dios las bendiga este y todos los días.




          JAIRO OBREGÓN.
11/05/2014

San Francisco, Venezuela

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