"La fe ve lo invisible y cree lo imposible".
Esta frase suele escucharse en sermones, libros de inspiración y conversaciones espirituales. Para muchos parece una expresión poética, pero en los últimos años la neurociencia ha descubierto algo sorprendente: nuestras creencias, pensamientos y expectativas pueden influir en la manera en que funciona y se organiza nuestro cerebro.
Esto no significa que la ciencia haya demostrado todas las afirmaciones religiosas ni que la fe sea simplemente un fenómeno biológico. Sin embargo, sí ha demostrado que confiar, esperar y mantener una actitud positiva pueden producir cambios reales en nuestra mente y comportamiento.
"En cuanto a esto pude leer en un artículo que menciona a un reconocido neurocientifico que ha estudiado el cerebro humano de personas con "una fe profunda" como el Dr. Andrew Newberg, descubrió mediante escaneos cerebrales algo impresionante: las personas que oran y confían activamente en Dios fortalecen corteza prefrontal. Esta es la zona del cerebro encargada de tomar decisiones sabias, controlar las emociones y resolver problemas complejos. Al mismo tiempo, la fe reduce la amígdala, que es el centro del miedo y el estrés. En pocas palabras: la ciencia demuestra -- en este sentido -- que confiar en Dios apaga la ansiedad y enciende tu inteligencia.
Un ejemplo de la vida real
Imagina a un hombre que pierde su empleo y tiene deudas. Alguien sin fe se enfoca en lo visible (la cuenta en cero) y su cerebro se llena de cortisol, la hormona del estrés, bloqueando su capacidad de pensar en soluciones. Pero el hombre que activa su fe se arrodilla, habla con Dios y descansa en Él proveerá. Al hacer esto, su cerebro se calma, su corteza prefrontal se activa y, al día siguiente, sale a la calle con la mente clara, ve una oportunidad de negocio que otros ignoran y sale adelante. Dios operó el milagro, y usó de alguna manera la propia biología del hombre para lograrlo -- algo que leí en Facebook.com".
¿Qué es la neuroplasticidad?
La neuroplasticidad es la capacidad que tiene el cerebro para reorganizarse y formar nuevas conexiones neuronales a lo largo de la vida.
Durante mucho tiempo se creyó que el cerebro adulto era prácticamente inmutable. Hoy sabemos que puede adaptarse continuamente según nuestras experiencias, hábitos, pensamientos y aprendizaje.
En palabras sencillas: aquello en lo que pensamos repetidamente fortalece ciertas rutas neuronales. Por eso los hábitos, tanto positivos como negativos, tienden hacerse más fuertes con el tiempo.
Otro ejemplo de la vida diaria
Imagine a una persona que durante años se repite:
"No puedo hacerlo. Siempre fracaso".
Con el tiempo, su cerebro se acostumbra a pensar de esta manera. Cada desafío parece confirmar esa creencia -- limitante --.
Ahora pensemos en alguien que, sin ignorar las dificultades, aprende a decir:
"Con la ayuda de Dios puedo seguir adelante. Puedo aprender y mejorar".
Está segunda persona comienza a desarrollar nuevas formas de interpretar los problemas. Su actitud cambia, persevera más y encuentra soluciones donde antes solo veía obstáculos.
La neurociencia explica que estas formas de pensar fortalecen circuitos neuronales diferentes.
La fe y la esperanza: más que emociones pasajeras
La fe bíblica no es una ilusión ni un pensamiento mágico. Es confianza basada en la relación con Dios.
La Biblia dice:
"Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve." (Hebreos 11:1).
Cuando una persona deposita su confianza en Dios, suele experimentar una disminución de la desesperanza y una mayor capacidad para afrontar las pruebas.
Diversos estudios han encontrado que la esperanza, el optimismo y la espiritualidad pueden estar asociados con una mejor capacidad para manejar el estrés, la ansiedad y la adversidad.
Cuando la fe cambia la manera de enfrentar los problemas
Pensemos en una mujer que recibe un diagnóstico médico complicado.
Una reacción posible es rendirse inmediatamente y pensar que todo está perdido.
Otra reacción es reconocer la gravedad de la situación, buscar tratamiento médico y al mismo tiempo confiar en Dios para recibir fortaleza -- o, esperar un milagro --.
La fe no elimina automáticamente la enfermedad -- aunque nada es imposible para Dios --, pero puede transformar la forma de enfrentarla.
Muchas personas creyentes describen que la oración, la comunidad de fe y las promesas bíblicas les ayudan a mantener la esperanza en medio de circunstancias difíciles.
Lo que la ciencia puede decir y lo que no puede decir
Es importante mantener un equilibrio.
La ciencia puede estudiar cómo la fe influye en el cerebro, las emociones y la conducta.
La ciencia puede observar cambios en los niveles de estrés, bienestar psicológico y resistencia.
Pero la ciencia no puede demostrar ni refutar la existencia de Dios. Esa dimensión pertenece al ámbito de la experiencia espiritual y la fe personal.
Por eso no debemos confundir los descubrimientos neurocientificos con pruebas absolutas de las creencias religiosas.
Una mirada pastoral y holística
Desde una perspectiva cristiana, el ser humano es una unidad compuesta de cuerpo, mente y espíritu.
La salud integral no consiste únicamente en cuidar el cuerpo físico, sino también las emociones, los pensamientos, las reacciones y la vida espiritual.
El apóstol Pablo escribió:
"Y el mismo Dios de paz os, santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible." (1 Tesalonicenses 5:23).
Cuando una persona cultiva pensamientos saludables, fortalece su relación con Dios, mantiene hábitos de vida equilibrados y desarrolla vínculos sanos con otros, está contribuyendo a su bienestar integral.
Jesús y la transformación interior
Los Evangelios muestran que Jesús no solamente sanaba cuerpos; también restauraba corazones, renovaba la esperanza y la transformaba la manera de pensar de las personas.
Por esto el apóstol Pablo exhorta:
"Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento." (Romanos 12:2).
Curiosamente, está idea de renovación interior encuentra eco interesante en los descubrimientos modernos sobre la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse.
Conclusión
La neuroplasticidad nos enseña que el cerebro puede transformarse mediante experiencias, aprendizajes y patrones de pensamiento. La fe cristiana, por su parte, enseña que la confianza en Dios puede renovar la vida desde lo más profundo del ser.
Aunque la neurociencia y la espiritualidad pertenecen a ámbitos diferentes, ambas coinciden en algo importante: las personas no están condenadas a permanecer iguales para siempre.
Podemos aprender, crecer, sanar y cambiar.
La fe no sustituye a la ciencia, ni la ciencia sustituye a la fe. Pero ambas dialogan con respeto, nos recuerda una verdad esperanzadora: el ser humano posee una extraordinaria capacidad de transformación.
Y para millones de creyentes, esa transformación encuentra su fuente más profunda en Dios.
En esto pensad
JAIRO OBREGÓN
Cristiano, laico, misionero, teólogo, pedagogo y librepensador
Aclaratoria: Todo lo anterior es un artículo informativo y educativo en general.
Referencias bibliográficas
• El error de Descartes, Antonio Damasio. Editorial Critica.
• El cerebro se cambia a sí mismo, Norman Doidge. (Traducción al español).
• La mente y el cerebro. Jeffrey M. Schwartz y Sharon Begley. Editorial ReaganBooks.
• Neurociencia y conducta. Editorial Médica Panameña.
• La práctica de la presencia de Dios. Autor Hermano Lorenzo de la Restauración (Nicolás Herman).
• Una vida con propósito. Autor: Rick Warren. Editorial Vida.
• Biblia Reina Valera 1960: Hebreos 11:1; Romanos 12:2; 1ª Tesalonicenses 5:23; Filipenses 4:8.

