martes, 29 de abril de 2014

CRISTIANISMOS ORIGINARIOS, TEMA CANDENTE EN LA ACTUALIDAD!




     Éste es un tema de estos tiempos contractual y controversial en la era actual, que está en pugna con los viejos modelos religiosos y culturales que le dieron en tiempo subsiguiente otro sentido, sobre todo con los denominados Padres de la Iglesia en el principio de la Era Cristiana, en la Edad Media con los Concilios romanos, la exacerbada dominación de las potencias occidentales que nos colonizaron en esta parte del mundo llegando a posesionarse en los actuales momentos modernos y posmodernos.

      Este fin de semana pasado fuimos invitados (nosotros) los profesores de cultura Jairo Obregón y Janeth Barreto a el Encuentro Docente del Centro Venezolano de Estudios Teológicos (CEVET) de la ciudad de Maracaibo, donde se estuvo dando una ponencia sobre: “Cristianismos Originarios, claves para una cristología contextual  y Liberadora”, presentados por el Dr. Carmelo Álvarez y el Obispo Gamaliel Lugo. Felicitamos la profundidad y estilo de los expositores en ese Evento. De este tema tan extenso de tratar, paso a dar una Reflexión con unos contenidos relatados para los lectores/as de nuestro Blog de Internet.

     La Revista Ribla#22 presenta un artículo que nos da una idea ampliada de éste tema candente en la actualidad que en otro sentido, todavía está colonizada religiosamente. Veamos.

     Eduardo Hoornaert en 1985, en su libro “La memoria del pueblo cristiano” de la serie “Teología y Liberación”, hacia una dramática relectura de la “Patristica”. Señalaba que nuestra visión de la iglesia de los tres primeros siglos está dominada por la imagen que creo Eusebio, Obispo de Cesarea, en su historia Eclesiástica. Y que Eusebio escribió en la euforia de la conversión del Emperador Constantino y el “triunfo” de la iglesia antes perseguida por el imperio y ahora reconocida por él como aliada. Por lo tanto, el obispo presenta una visión de una iglesia bien ordenada con una estructura de mando que la subordina a los obispos. Es una iglesia que desde su comienzo se va preparando para ejercer el poder en la sociedad. Pero Hoornaert nos proponía que ésta fue una distorsión de la realidad, pues las iglesias, en estos siglos de persecución eran comunidades de fieles organizadas desde la base y guiadas por pastores escogidos por los mismos fieles de entre su propia asamblea. Se exige, entonces, por amor a la verdad, una relectura del imaginario histórico para que corresponda mejor, tanto a la verdad histórica como a nuestras necesidades pastorales.

…queremos profundizar el proyecto de relectura que inició en América Latina Eduardo Hoornaert. Y queremos limitarnos a los primeros cuarenta años de las comunidades de seguidores de Jesús. Los años entre su muerte (aproximadamente 30 d.C) y la destrucción de Jerusalén, durante la gran guerra judeoromana, en el año 70 d.C. Desde nuestras comunidades en América Latina, es evidente que conocer esas comunidades, exige conocer los desafíos que enfrentaron en su realidad. Esto es lo que dibujan a grandes rasgos Mesters y Orofino en su artículo sobre la coyuntura palestina de esos años agitados del primer siglo...[1]

     La modernidad vino a cuestionar la presunción del cristianismo romanizado depositario de la verdad. Hoy, creemos mucho más en la verdad científica, empírica y matemáticamente comprobada, que en las verdades religiosas. Ya no es importante el tiempo interior, el tiempo ligado a la conciencia, el tiempo vivido, el tiempo escatológico.

     La economía moderna, por su parte, como nos advierte Amartya Sen ha sido sustancialmente empobrecida por la distancia creciente entre economía y ética. Esto se percibe en el déficit de nutrición, salud, educación, de recursos naturales, que tienen hoy amplios grupos humanos. A esto se suma las actividades extractivas de metales como el oro y la plata, de actividades económicas en la que la persona humana queda en segundo o en tercer lugar de las ganancias.

     Hoy día, creemos en Jesucristo y en el mercado pero no en el prójimo. Somos indiferentes de que 2/3 de la población no tiene acceso a los bienes que el mundo globalizado ofrece. Practicamos una religión sin amor, pues nuestra medida es el placer y la satisfacción individual, pero no atendemos al dolor de nuestro semejante.

     La crisis social que vive los países latinoamericanos [hoy en día se vive un proceso liberador en algunos países progresistas el cual es fuertemente atacado por las oligarquías para que no se dé], nos invita hoy a pensar sobre el futuro del desarrollo humano y la misión del cristianismo en el contexto de una globalización inhumana y excluyente. La pobreza es uno de los males actuales y la pregunta es si estamos dando de nosotros mismos frente a ella o, suponiendo que no, cómo podemos afrontar este desafío desde nuestro camino espiritual. La globalización en la actualidad nos ha convertido en personas que nos sentimos tan alienadas, fragmentadas y aisladas en nuestro ser interior, que buscamos, en la acumulación de objetos, conocimiento y poder, llenar ese vacío que sentimos. Por eso pienso que lo espiritual es un elemento altamente político en nuestra era actual.[2]

     Por lo tanto, los cristianismos originarios, serán originarios desde la praxis de liberación, tomando en cuenta la originalidad de la vida y obra de Jesús. De cómo llevó a cabo una revolución que desafiaba lo establecido por las clases de poder que esclavizaba y marginaba al ser humano (hombre/mujer), donde su mensaje liberador daba vida abundante de fe, esperanza y amor. Ese mensaje no fue comprendido en el transcurso de la historia de la era cristiana. Este es ahora un origen que se debe retomar para la continuidad de la fe y la vida. Seamos originarios en el amor.

          
       



JAIRO OBREGÓN.
29/04/2014
San Francisco, Venezuela





[1] http://www.dei-cr.org/libreria-dei/disponibles/ribla-22-cristianismos-originarios-30-70-d-c/
[2] www.claiweb.org/ribla/ribla61/12%20MaricelML.doc‎

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