martes, 29 de enero de 2013

“Acepciones” y “Diferenciaciones” en la Iglesia.





     En toda religión siempre ha existido la lucha por el poder para la exclusión como plataforma. No es de extrañar la descomposición de los valores para lograr sus fines contrapuestos. La iglesia como estructura utilitaria no escapa de este entramado; mirando de manera centrípeta, codeándose con los que consideran de su mismo signo o bajo su egida proteccionista. 

     En otras palabras la lucha de clases sociales se acentúa de manera manipuladora en detrimento de sus feligreses o miembros. Esa lucha se monopoliza cuando consideran que los no recibidos intentan acercarse, prenden las baterías de la silenciación  y acorralamiento para neutralizar e invisivilizar la amenaza, cuando no se han dado la tarea de mirar más allá de las apariencias. Sin embargo, se habla del amor al prójimo, pero los ventajismos, la acepción y la diferenciación […], la praxis de esto, dista mucho del lenguaje confuso entre lo dicho y lo hecho. Veamos pues.

     Todo cristiano que ha leído las Escrituras sabe que: “Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas”[1] como una axioma santiaga, por ende: “porque no hay diferencias entre judío y de griego; porque el mismo es el Señor de todos, rico para con todos los que lo invocan[2] como máxima paulina. Esto es cierto, no lo niego. Pero como cuesta ver esta palabra en las congregaciones de las iglesias signadas entre el disimulo casi imperceptible con elogios y congratulaciones, fuera del alcance de los que le son incómodos por no pertenecer, y si se pertenece, entonces, debe arriar bandera a sus directrices.

     La obsesión por controlarlo todo los aleja de la realidad negando la condición o necesidad de sus hermanos. Esta manipulación conlleva a los que los estudiosos de la psiquis podrían definir una “negación de la realidad”. Puede saber o entender lo que pasa aun, pero sus privilegios, o intereses o su clase social no los hace integrar en la realidad con sus semejantes.

    Cuando un grupo controla todo esto tarde o temprano traen fricción, descontento, desunión entre muchos otros males. Eso se sabe de antemano, sin embargo, se veja y veta a los demás cayendo en la manipulación como método de dominio.

     “En mi iglesia no pasa nada de eso”, “aquí todos somos iguales”, “todos nos amamos de corazón”, sí puede ser cierto, eso no está en discusión. Podrá taparse su disimulo una y otra vez, pero, seguirá siendo y es simplemente la lucha por el poder. Esta es la verdad.

     Observo, que ya no son los lideres manipuladores “acepcionistas” o “diferencionistas” permitiéndome los términos, sino que el grupo aprendió las condición de ese conductismo, repite  y defiende con ahincó la brecha de los unos sí predilectos y la de los otros no predilectos.

     Lo peor de un acepcionista o un diferencionista es que se traiciona así mismo y al evangelio de inclusión. Tarde o temprano tendrá que tomar una decisión entre sus privilegios o la igualdad. Ese será su problema y conjura.  Lo que pasa que los privilegios los llevan desde arriba, los de abajo la igualdad. De esa manera se logra el control por el poder haciendo ver todo lo contrario.

     Reflexione una anécdota para finiquitar, se cuenta que en “al finalizar la segunda guerra mundial, la Alemania Nazi había sido derrotada. Una iglesia casi toda destruida por los embates de la guerra se estaba dando una predicación dominical. El Reverendo pronunció unas últimas palabras diciendo: ‘si hay algún judío presente aquí, salga de inmediato. Sentenció con voz audible. Al instante, se levantó un hombre pobre, de pelo largo, de unos 33 años de edad, cerró la puerta con suavidad y desapareció, su nombre era JESÚS”[3]. 

    En esto pensad.

JAIRO OBREGÓN

FUNDACIÓN MISIONERA OBREGÓN




Twitter: @obregonjairo
Facebook: Fundaobregon Obregon

                           2013-01-29 horas: 1 pm. San Francisco, Venezuela.   




[1] Santiago 2:1 Reina Valera 1960
[2] Romanos 10:12 Sagradas Escrituras 1569
[3] Autor desconocido.

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